- El banco central de Japón aumentó las tasas de interés por primera vez desde 2007, poniendo fin a su prolongada política de tasas de interés negativas.
- La decisión marca un cambio significativo respecto de más de una década de política monetaria ultra laxa destinada a combatir la deflación.
- El BoJ ahora apunta a un rango de tasa de interés a un día de cero a 0,1 por ciento, alejándose de su tasa anterior de -0,1 por ciento.
Vayamos al grano: Japón acaba de dar un salto de gigante, subiendo los tipos de interés por primera vez desde 2007. Sí, lo ha leído bien. Tras años de lo que parecía un interminable juego de vals con tipos de interés negativos, el Banco de Japón ha decidido que es hora de pasar página. Con Kazuo Ueda al mando, el banco central japonés traza un nuevo rumbo, con el objetivo de dejar atrás las turbulentas aguas de la deflación.
El fin de una era
Kazuo Ueda, el máximo responsable del Banco de Japón (BoJ), prácticamente ha puesto fin a la era del dinero fácil. No se trata de un simple ajuste menor, sino de un cambio radical respecto a las estrategias que han defiel plan de acción económico de Japón durante más de una década. Al ajustar el tipo de interés a un día para que ronde el cero por ciento o el 0,1 por ciento, Japón se despide de su política de tipos negativos, una decisión audaz que lo distingue como el último de los grandes bancos centrales en adoptar esta medida.
¿Recuerdan 2016? Fue entonces cuando el Banco de Japón, en una medida un tanto desesperada por impulsar el crédito y el gasto, redujo drásticamente los tipos de interés. No estaban solos en esta cruzada poco convencional; Europa y algunos países nórdicos se unieron al club, para gran consternación de los ahorradores de todo el mundo. Esta apuesta contra la deflación mantuvo la economía a flote, pero a un precio: los bancos sufrieron las consecuencias, y las empresas zombi —aquellas que deberían haber quebrado—, de alguna manera, siguieron adelante.
Ahora, Ueda y su equipo apuestan por un futuro más prometedor. Han visto suficientes señales positivas, como importantes aumentos salariales para los trabajadores de las principales empresas japonesas (el mayor desde 1991, nada menos), como para creer que la inflación moderada no es solo una tendencia pasajera. Las empresas están subiendo sus precios, los salarios suben gracias a la escasez de mano de obra y los inversores finalmente empiezan a creer en la recuperación económica de Japón. ¡Increíble!, el Nikkei 225 incluso rompió un récord de 34 años este febrero.
Los efectos de la decisión de Japón
A pesar de este movimiento hacia terreno positivo, no esperen que Japón empiece a subir los tipos de interés como si no hubiera un mañana. El Banco de Japón se muestra impasible, insinuando que cualquier aumento futuro será lento y constante, sobre todo porque la inflación aún no ha alcanzado su punto óptimo del 2 %. Esta cautela provocó la caída del yen frente al dólar, pero índices bursátiles como el Nikkei 225 y el Topix experimentaron un impulso.
Pero aquí es donde la cosa se pone interesante: junto con la subida de tipos, el Banco de Japón también está abandonando el control de la curva de rendimiento y deteniendo de golpe la compra de ETF y fondos de inversión inmobiliaria. Siguen comprometidos con la compra de bonos del gobierno japonés, pero el mensaje general es claro: la economía japonesa podría seguir necesitando apoyo, pero es hora de empezar a bajar el ritmo.
Hablando de medidas de contracción, el Banco de Japón (BoJ) ahora está tratando los depósitos en el banco central de forma ligeramente diferente, estableciendo una tasa de interés del 0,1 % para estos fondos. Esto supone un cambio radical con respecto al sistema anterior, donde utilizaban un sistema de tres niveles para amortiguar el impacto de las tasas negativas en las ganancias de los bancos. La audacia de Ueda al retirar las medidas en múltiples frentes indica un cambio significativo de estrategia, uno que no ha sido elogiado universalmente, pero que, sin embargo, es decisivo.
Los economistas observan atentamente la situación, y algunos, como Sayuri Shirai, exmiembro de la junta directiva del Banco de Japón, reconocen la audaz decisión de Ueda a pesar de que las condiciones económicas no son propicias para una oleada de subidas de tipos. Otros, como el economista de UBS Masamichi Adachi, lo ven solo como el principio y predicen nuevas subidas de tipos si la economía estadounidense se mantienetron.
Seamos realistas: la decisión de Japón es una apuesta arriesgada, pero calculada. El Banco de Japón confía en una recuperación económica sostenida, impulsada por el crecimiento salarial y el gasto del consumidor. Sin embargo, no están tirando la cautela por la borda. El ritmo previsto de subidas de tipos es deliberado, con el objetivo de impulsar una recuperación frágil sin frenarla. Este equilibrio entre estimular el crecimiento y prevenir el sobrecalentamiento es complejo, pero Japón parece dispuesto a afrontarlo.
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