El BCE acaba de hacer algo que no había hecho en más de un año: nada. El jueves, el Banco Central Europeo decidió mantener sin cambios los tipos de interés tras cuatro recortes consecutivos, poniendo en pausa su ciclo de flexibilización monetaria ante la creciente tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos por un acuerdo comercial.
Esto ocurrió durante negociaciones de alto riesgo que aún están en curso, a pocos días de que un posible arancel estadounidense del 15% afecte a todas las importaciones de la UE, poniendo en juego miles de millones de dólares en exportaciones.
Según las actas , el tipo de interés de depósito clave del BCE se sitúa actualmente en el 2%, inferior al 3% de enero y al máximo del 4% del año pasado. La inflación en la eurozona finalmente ha alcanzado el objetivo del 2% del banco, pero las autoridades se abstienen de aplicar más recortes, alegando la inestabilidad del entorno geopolítico.
“El entorno sigue siendo excepcionalmente incierto, especialmente debido a las disputas comerciales”, declaró el banco el jueves. Los funcionarios también indicaron que las expectativas de crecimiento de los precios no han cambiado mucho.
Las negociaciones comerciales se estancan mientras el BCE observa desde la barrera
Estados Unidos, que sigue siendo el principal socio comercial de la UE, importó bienes del bloque por valor de 503 000 millones de euros (590 000 millones de dólares) el año pasado. Sin embargo, toda esa relación podría verse afectada si no se llega a un acuerdo antes de que finalice el mes.
Según informes, la Casa Blanca, bajo ladent de Donald Trump, está dispuesta a aplicar un arancel base del 15 % a las importaciones europeas a partir del 1 de agosto si las negociaciones fracasan. La UE ya ha insinuado que responderá con sus propias medidas.
Esta amenaza inminente ha obligado al BCE a dar un paso atrás. Los mercados no fueron sorprendidos, ya que la mayoría de los operadores esperaban que el banco mantuviera la política monetaria. Pero la razón no fueron solo los datos de inflación. Fue política. Con los inversores globales ya nerviosos, el banco central no quiere generar más incertidumbre. La estrategia ahora es esperar, observar y responder más adelante si la situación empeora.
Ladent del BCE, Christine Lagarde, declaró a la CNBC en abril que el "proceso de desinflación estaba a punto de completarse", lo que indica que los recortes de tipos podrían terminar pronto. Philip Lane, economista jefe del banco, prosiguió a principios de este mes afirmando que "el último ciclo ha terminado, reduciendo la inflación". Sin embargo, ambos enfatizaron que las autoridades monetarias no están desconectadas. Siguen atentos a cualquier cambio en las perspectivas a medio plazo que pueda obligarlos a actuar de nuevo.
Los analistas de mercado afirman que la verdadera atención se centra ahora en la reunión de septiembre del BCE, donde se publicarán las proyecciones actualizadas de crecimiento e inflación. Tras el anuncio, el euro cayó un 0,15%, hasta los 1,175 dólares frente al dólar. Esta cifra sigue siendo superior a los 1,026 dólares de principios de año, ya que los operadores han abandonado el dólar debido a la inestabilidad política y fiscal en Estados Unidos. El BCE, por ahora, no ha revelado mucho sobre la evolución de la moneda. Pero es evidente que la tendencia está en su radar.
De cara al futuro, la próxima decisión sobre las tasas podría depender enteramente de lo que suceda en Washington.

