La fiscal general de Delaware, Kathy Jennings, está tomando medidas proactivas para supervisar el ambicioso plan de reestructuración de OpenAI, valorado en 300 000 millones de dólares. Su oficina está contratando a un banco de inversión para que realice una revisión exhaustiva edent de los activos de la empresa tecnológica.
El banco de inversión aportará su experiencia financiera para la revisión del fiscal general. En concreto, analizará si la empresa matriz sin fines de lucro de OpenAI está obteniendo un valor justo en la nueva estructura, bajo la cual la compañía está convirtiendo su división con fines de lucro en una Corporación de Beneficio Público (CBP).
La decisión llega después de que reguladores, investigadores y exempleados mostraran una creciente preocupación por el rumbo de OpenAI. Con la valoración de la empresa en alza y el creciente interés de los inversores, Delaware quiere garantizar que la misión fundacional de la empresa tecnológica —desarrollar una IA que beneficie a la humanidad— no se vea abandonada en aras de obtener beneficios.
OpenAI está registrada en Delaware, por lo que Jennings puede analizar cualquier cambio estructural que pueda afectar su condición de organización sin fines de lucro.
Los críticos presionan a OpenAI para que se centre en los programadores, no en las políticas
OpenAI mantendrá el control de su organización sin fines de lucro, pero convertirá la entidad con fines de lucro en una PBC. Este modelo responsabiliza legalmente a la empresa de condicionar su afán de lucro a la creación de beneficios sociales.
La reorganización se produjo tras una avalancha de críticas dentro de la organización estadounidense de inteligencia artificial, académicos e incluso el multimillonario Elon Musk. El plan recibió críticas, ya que corría el riesgo de socavar la misión de la compañía en favor de fines de lucro.
Al convertirse en una PBC, la empresa tecnológica espera generar grandes ingresos y ser transparente y responsable ante el público. Además, no quiere perder el control de sus potentes sistemas de IA, como ChatGPT y GPT-4.
La directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, afirmó el mes pasado que esta nueva estructura podría ser un precursor de una oferta pública inicial (OPI). Sin embargo, una OPI no es el objetivo a corto plazo. Friar explicó que la idea es mantener la coherencia con la misión y, al mismo tiempo, ser capaz de escalar.
Esta estructura es poco común, pero no inédita en el sector tecnológico. Otras empresas centradas en una misión, como Patagonia y Kickstarter, también han adoptado el modelo PBC.
Funcionarios e inversores se oponen a los planes de OpenAI
La transformación de OpenAI no ha sido nada sencilla. Tanto los fiscales generales de Delaware como los de California están investigando activamente los cambios.
Si bien la oficina del Fiscal General de California ha permanecido en silencio público, fuentes revelan que los funcionarios están examinando si la reestructuración se alinea con la misión caritativa original de la empresa tecnológica.
Elon Musk ha presentado una demanda de alto perfil. Fue cofundador de OpenAI, pero dejó la junta directiva en 2018. Ahora, Musk acusa a la compañía de desviarse de su misión original sin fines de lucro y de estar demasiado afiliada a Microsoft.
Musk argumenta que la alianza de OpenAI con Microsoft consolida una influencia excesiva sobre el futuro de la inteligencia artificial. Su demanda, presentada en Washington, advierte que este dominio podría sofocar la competencia, incluida su propia empresa de IA, xAI.
En el ámbito empresarial, aumenta la preocupación de que las batallas legales o los retrasos puedan perturbar a los inversores. Según fuentes, OpenAI pretendía recaudar hasta 20 000 millones de dólares en nueva financiación para ampliar su gama de productos, desarrollar hardware de IA y escalar su infraestructura informática.
Al reevaluarse la reestructuración, parte de ese dinero podría estar en peligro.

