Beijing y Washington planean agregar otros 90 días a su tregua en la guerra comercial mientras los dos países se preparan para comenzar otra ronda de negociaciones en Estocolmo el lunes, informa el South China Morning Post (SCMP), citando fuentes familiarizadas con el asunto.
Esta tercera ronda de cruciales negociaciones representa el último intento de ambos países por estabilizar una de las relaciones económicas más importantes del mundo. Se basa en las conversaciones previas celebradas en Ginebra y Londres, cuyo objetivo era frenar el rápido aumento de los aranceles y sentar las bases para una desescalada más amplia de las tensiones comerciales.
Según el artículo del SCMP, Estados Unidos y China se comprometerán a no imponer nuevos aranceles ni tomar medidas agresivas durante la prórroga propuesta de 90 días. El anuncio indica que ambas partes desean mantener el diálogo y evitar un nuevo recrudecimiento de las tensiones que han afectado a los mercados globales durante años.
La Casa Blanca no ha confirmado públicamente la extensión prevista de la tregua y la administración estadounidense no estuvo inmediatamente disponible para hacer comentarios.
Pekín exige una revisión arancelaria del fentanilo
Un nuevo e importante obstáculo para estas conversaciones es que se extienden mucho más allá de las cuestiones comerciales tradicionales: también implican amenazas de restringir las exportaciones de fentanilo, un opioide sintético potente y mortal.
La delegación china también exigirá durante las conversaciones con funcionarios estadounidenses que la administración Trump elimine los aranceles sobre los componentes de una sustancia química utilizada para fabricar fentanilo, según personas familiarizadas con el asunto.
El opioide sintético ha sido una de las principales causas de muerte por sobredosis en Estados Unidos. Estados Unidos ha culpado a los proveedores chinos de agravar la crisis al exportar precursores químicos. En represalia, se impusieron aranceles a ciertas importaciones de sustancias químicas que se sospechaba que formaban parte de la cadena de suministro del fentanilo.
Sin embargo, Pekín afirma que estos aranceles obstaculizan la lucha cooperativa para reducir el flujo de drogas ilegales. Es probable que los funcionarios chinos también defiendan un enfoque más colegiado, que incluya la colaboración técnica y el intercambio de inteligencia, en lugar de aranceles punitivos.
Aunque la crisis del fentanilo ha sido un foco importante de atención para Estados Unidos en materia de política interna, no es seguro que el equipo comercial de Biden acepte modificar el enfoque arancelario en ese ámbito en un momento de elecciones internas, incluso en medio de una frustración generalizada con las políticas chinas.
Estados Unidos y China pausan nuevos aranceles durante 90 días
Si el cese del fuego de 90 días anunciado en Estocolmo se concreta, marcaría una pausa deliberada en una de las guerras comerciales más largas de los tiempos modernos.
Desde 2018, Estados Unidos y China se han impuesto aranceles mutuos sobre productos por un valor de más de 700 mil millones de dólares. La guerra comercial interrumpió las cadenas de suministro en todo el mundo, afectó a las industrias agrícolas y tecnológicas y cambió el modo en que las multinacionales globales organizan sus operaciones.
Una pausa provisional, según los analistas, daría un respiro a las empresas que llevan años atrapadas en el fuego cruzado. También permitiría a ambas partes abordar cuestiones más espinosas a largo plazo, como la protección de la propiedad intelectual, el comercio digital y las transferencias forzadas de tecnología.
El plazo de 90 días no es una solución permanente, sino una ventana de oportunidad. Su éxito dependerá en gran medida de la voluntad política tanto de Estados Unidos como de China para avanzar en las negociaciones o arriesgarse a que se reanuden las tensiones.
El momento de las reuniones de Estocolmo también es crucial. Estados Unidos se encamina hacia un ciclo electoral feroz, y ninguna de las partes querrá parecer permisiva con el comercio, especialmente con China, donde la desaceleración económica y la creciente presión de las industrias nacionales probablemente impulsen un enfoque diplomático más práctico.
Aunque hay optimismo sobre la reunión, los expertos advierten que aún quedan muchos problemas estructurales fundamentales por resolver. La tregua arancelaria podría ayudar a calmar las tensiones, pero está lejos de ser una solución permanente.
Lo que ocurra esta semana en Estocolmo podría decidir si las dos mayores economías del mundo están en camino de reanudar su cooperación o si simplemente están aplazando la siguiente ronda de confrontación.

