Bueno, amigos, tomen sus cafés porque es hora de sumergirnos en el corazón del panorama económico francés, y créanme, ha sido una montaña rusa. El año pasado, defipresupuestario de Francia se disparó al 5,5%, lo que es una forma elegante de decir que superaron con creces sus predicciones financieras, concretamente no alcanzaron su pronóstico del 4,9%. Este contratiempo ha dejado a bastantes caras rojas en el gobierno, especialmente aldent Emmanuel Macron, cuya gestión financiera ahora parece algo inestable.
El dilema del Defi
Tras enjde una situación fiscal relativamente estable durante la primera parte de la presidencia de Macron, Francia atravesó aguas turbulentas. Primero llegó la COVID-19, una crisis que nadie tenía en sus cartones de bingo, seguida de una crisis energética que obligó al gobierno a gastar a lo grande para mantener las luces encendidas y a las empresas a flote. Si bien estas medidas se consideraron necesarias, han empujado a Francia hacia una senda financiera poco ideal, con defiy deudas que se disparan a niveles inimaginables.
En una escena digna de un thriller financiero, Bruno Le Maire, el ministro de Finanzas, dio la cara y admitió que, si bien los ingresos fiscales se desplomaron debido a la desaceleración de la inflación, el gasto seguía bajo control. Aún no estaba listo para entrar en pánico, pero hizo un llamado a la atención colectiva. Es como si intentara decirles a todos que dejen de comprar artículos de lujo cuando apenas pueden permitirse lo básico.
A pesar de estos desafíos, la ratio deuda/PIB de Francia registró una ligera disminución, hasta el 110,6% desde el 111,9% en 2022, lo que da cierta esperanza de que no todo está perdido. Sin embargo, Le Maire se encuentra ahora en una situación delicada, intentando conseguir apoyo para los recortes del gasto y rechazando cualquier mención de subidas de impuestos como un matador esquiva toros. ¿El objetivo? Reducir de alguna manera el defi al 3%, la cifra dorada de la UE , para 2027, una tarea que se presenta tan difícil como convencer a un chef francés de que se pase al café instantáneo.
Una cuerda floja fiscal
Al otro lado de este drama económico se encuentra Pierre Moscovici, máximo responsable del Tribunal de Cuentas, quien no duda en denunciar los deslices del gobierno. Según él, la precaria situación financiera de Francia está poniendo en peligro su futuro, postergando inversiones esenciales en acción climática y poderío militar. Imaginen intentar correr con una mochila llena de piedras; eso es Francia intentando invertir en su futuro con este peso financiero.
Se prevé que solo los intereses de la deuda francesa se disparen hasta los 87 000 millones de euros para 2027, una cifra que deja a cualquiera con lagrimas en los ojos. Eso es más cash del que el país gasta en escuelas o en el ejército. ¿La opinión de Moscovici? Francia se ve asfixiada por sus propias decisiones financieras, incapaz de hacer mucho más que pagar las facturas.
Así que aquí estamos, frente al dilema económico de Francia. El gobierno está jugando un Jenga fiscal de alto riesgo, intentando sacar las piezas correctas sin desbaratar toda la estructura. Es un delicado equilibrio entre recortar gastos sin frenar el crecimiento, entre tomar decisiones difíciles sin desencadenar una revolución. Y, seamos sinceros, Francia sabe un par de cosas sobre revoluciones.
Con Moody's y Standard & Poors acechando, listos para dar su opinión sobre la calificación crediticia de Francia, la presión es alta. El gobierno ya se ha apretado el cinturón con 10 000 millones de euros en recortes de emergencia y está considerando otro recorte de 12 000 millones de euros al presupuesto. Sin embargo, algunos rumores indican que la verdadera cifra mágica podría alcanzar los 50 000 millones de euros. Es suficiente para preguntarse si los planificadores financieros franceses están usando calculadoras o bolas de cristal.
