En el cambiante panorama de la información, un peculiar silencio rodea al término, antaño prominente, "información falsa". En cambio, la atención se ha desplazado hacia elmatic ámbito de la "desinformación". Este cambio conlleva profundas implicaciones, exploradas en el esclarecedor artículo de Jacob Siegel, "Una guía para comprender el engaño del siglo". Al desvelar la evolución de la censura, Siegel profundiza en los motivos de esta transformación lingüística, exponiendo la inquietante verdad de que la desinformación no es solo una desviación de la verdad, sino una herramienta de control.
El dominio de la desinformación: el giro totalitario
La desinformación, un término que ha cobrado prominencia durante los confinamientos por la COVID-19, supone una desviación de la comprensión convencional de la información falsa. Jacob Siegel señala astutamente que la verdadera amenaza no reside en la desinformación sobre, por ejemplo, los daños de los cigarrillos mentolados, sino en la percepción de la verdad por parte del gobierno. La desinformación es una herramienta que utilizan quienes ostentan el poder para moldear narrativas, independientemente de su adecuación a la realidad. En un sistema totalitario, la defide desinformación es fluida, moldeada por las autoridades gobernantes para adaptarla a su narrativa. No se trata de un mal uso del concepto, sino de su funcionamiento preciso en un régimen donde el control prima sobre la verdad.
Ironía en Internet: Desenmascarando la censura colaborativa
Internet, a menudo aclamado como una fuerza liberadora, esconde una cruda ironía. Contrariamente a la percepción de un espacio digital abierto, Siegel revela su origen en el establishment de defensa estadounidense, fomentando una estrecha colaboración entre la Casa Blanca y Silicon Valley. La revelación de que empleados de la Casa Blanca y Google se reunían regularmente arroja luz sobre la relación simbiótica entre el gobierno y los gigantes tecnológicos. Esta colaboración se extiende a la censura en redes sociales, como lo demuestran las recientes revelaciones de los archivos de Twitter. Lo que antes se promovía como una herramienta para promover la comunicación en línea ahora se instrumentaliza para implementar uno de los mecanismos de censura más poderosos con el pretexto de combatir la desinformación.
ONG y clérigos de la información: guardianes de la “verdad”
Ante el colapso del periodismo tradicional, se produce un cambio peculiar en el campo de batalla contra la desinformación. Experiodistas se refugian en organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por multimillonarios, posicionándose como clérigos de la información que guían a las masas. Si bien su sinceridad en la restauración de una "sociedad sana" puede ser genuina, surgen preguntas sobre su papel como intermediarios entre multimillonarios y millones de ciudadanos. Esta nueva élite de la información se sitúa entre la verdad y la falsedad, determinando qué información llega al público. La necesidad de que los ciudadanos de las sociedades libres cuestionen este sistema se hacedent, ya que desafía la esencia misma de una democracia abierta e informada.
En un mundo donde la desinformación se ha convertido en el eje central de la gestión de la información, la ciudadanía debe afrontar las dinámicas cambiantes de censura y control. El paso de la información falsa a la desinformación implica más que un cambio lingüístico: refleja una transformación más profunda en la forma en que las sociedades perciben la verdad y se desenvuelven en el panorama digital. Ante la convergencia del poder, la tecnología y la manipulación de la información, la pregunta que persiste es si podemos confiar realmente en quienes se posicionan como guardianes de la verdad o si la reforma debe surgir desde la base, desafiando el paradigma informativo existente. ¿Cómo pueden las sociedades libres salvaguardar la integridad de la información ante los desafíos cambiantes?

