La Comisión Europea se prepara para revelar una propuesta para imponer nuevos gravámenes a las grandes empresas que operan en el bloque, como parte de un esfuerzo por apuntalar su presupuesto común de más de un billón de euros y responder a las crecientes demandas de defensa, servicio de la deuda y política industrial.
Un borrador del plan, al parecer visto por el Financial Times y cuya publicación formal está prevista para la próxima semana, describe un nuevo “recurso corporativo para Europa”: un impuesto para todas las empresas con más de 50 millones de euros de facturación neta anual, independientemente de dónde tengan su sede.
La medida forma parte de un paquete de herramientas de recaudación de ingresos que la Comisión pretende incluir en el próximo ciclo presupuestario de siete años de la UE. De aprobarse, el nuevo impuesto de sociedades marcaría un cambio significativo en la forma de financiación del bloque.
Un impuesto progresivo para las grandes empresas
Según el proyecto, el nuevo impuesto corporativo sería progresivo, con un sistema de tramos que obligaría a las empresas con mayores ingresos netos a pagar más. El impuesto se aplicaría a todas las grandes empresas que operan en Europa, incluidas las multinacionales no pertenecientes a la UE.
La Comisión defiel “facturación neta” como los ingresos después de contabilizar los impuestos y subsidios, lo que pretende reflejar la huella económica real de una empresa dentro de la región.
Este cambio propuesto ya ha generado críticas de algunos estados miembros y grupos empresariales, que advierten que podría obstaculizar la recuperación económica y empujar a las empresas a trasladar sus operaciones a otros lugares.
Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, dijo en una reunión reciente con líderes empresariales europeos que las empresas de la región están “perdiendo” terreno frente a sus competidores estadounidenses y chinos debido a una combinación de crecimiento lento y altos costos de la energía.
Aun así, los funcionarios de la UE argumentan que el bloque ya no puede depender únicamente de las contribuciones nacionales.
Nuevos impuestos al tabaco, los residuos electrónicos y el comercio electrónico
Además del impuesto de sociedades, la Comisión planea introducir otras fuentes de ingresos para diversificar la base presupuestaria. Entre las más destacadas se encuentra una propuesta para aumentar la cuota de la UE en los impuestos especiales sobre el tabaco. Otro plan se centra en la creciente cantidad de residuostron, con una tasa que se aplicará a los residuos electrónicos no recogidos, como teléfonos inteligentes, ordenadores portátiles y electrodomésticos desechados.
Bruselas también está considerando una tasa de gestión para los paquetes de comercio electrónico de larga distancia, una medida que se considera ampliamente dirigida a las importaciones de bajo coste procedentes de Asia. Francia ya ha propuesto una tasa de gestión para paquetes de valor inferior a 150 €, dirigida a plataformas como Temu y Shein, argumentando que se aprovechan de las lagunas aduaneras.
Además de estas iniciativas, la UE también espera recaudar más ingresos a través de los mecanismos existentes.
Algunas ideas más polémicas se han descartado discretamente o se han pospuesto. Entre ellas se incluyen un impuesto al carbono sobre la calefacción doméstica y el transporte por carretera, tasas de entrada vinculadas al sistema de fronteras digitales de la UE y un impuesto a los servicios digitales que ha suscitado unatronoposición de Estados Unidos.
Resistencia política de los contribuyentes netos
El mayor reto al que se enfrenta la Comisión no es diseñar los impuestos en sí, sino lograr un acuerdo político. Cualquier nuevo impuesto general debe ser aprobado por unanimidad por los 27 Estados miembros.
Países como Alemania, los Países Bajos, Austria, Suecia y Finlandia, que son contribuyentes netos al presupuesto de la UE, tienen un largo tracde resistencia a medidas que podrían aumentar su carga financiera o reducir la soberanía fiscal nacional.
Se espera que la Comisión presente oficialmente la propuesta el miércoles. Si bien las cifras finales permanecen entre paréntesis y podrían variar en las próximas semanas, la intención política es clara. Europa desea un presupuesto mayor y más flexible, y está dispuesta a poner a prueba los límites de lo que los Estados miembros están dispuestos a aceptar para lograrlo.

