- China aspira a un crecimiento económico del 5% este año, pero enfrenta numerosos desafíos, entre ellos un gasto de consumo débil y un mercado inmobiliario en dificultades.
- El objetivo de crecimiento del año pasado se cumplió, pero repetir ese éxito parece difícil debido a diversas presiones, entre ellas la deflación y las restricciones comerciales.
- La desaceleración de China afecta a los mercados globales, desde los precios de las materias primas hasta las empresas multinacionales, debido a su importante papel en el crecimiento global.
El motor económico de China, la potencia que ha sido la envidia del mundo durante décadas, ahora parece estar sumido en una pesada carga de problemas. Nos enfrentamos a un año en el que alcanzar un objetivo de crecimiento del 5% parece más una ilusión que una meta realista. ¿Por qué? Porque la montaña de problemas es más grande que un rascacielos.
El gasto de los consumidores es tan entusiasta como el de un adolescente limpiando su habitación, el mercado inmobiliario se tambalea como una hoja, y ni hablemos del desplome bursátil que arrasó con billones. Si a eso le sumamos que Estados Unidos está frenando las ambiciones tecnológicas de China, que el desempleo juvenil alcanza niveles récord y que los gobiernos locales están sepultados bajo una montaña de deuda, tenemos la receta perfecta para un dolor de cabeza que ni la aspirina más fuerte puede curar.
Vamos a profundizar más, ¿vale?
China logró alcanzar su objetivo de crecimiento el año pasado, pero repetirlo es como intentar correr maratones consecutivos con pesas en los tobillos. La base de comparación de este año no le favorece en absoluto a China, sobre todo ahora que la COVID-19 ha desaparecido y nos toca lidiar con las consecuencias.
Los economistas apuestan por un crecimiento del 4,6%, lo cual suena bien hasta que recuerdas que hablamos de un país acostumbrado a correr a toda velocidad, no a trotar. El sector inmobiliario está jadeando, y la deflación irrumpe en la fiesta como un invitado inesperado, provocando la caída más rápida de los precios al consumidor desde 2009.
El comercio tiene sus momentos difíciles, con exportaciones que inicialmente se disparan. Sin embargo, Pekín está sintiendo las consecuencias de las restricciones comerciales impulsadas por Estados Unidos, lo que deja a todos perplejos y preguntándose: "¿Y ahora qué?". Para un país que ha sido el motor del crecimiento mundial, esta desaceleración es una preocupación global. El FMI aún considera a China como la niña mimada del mundo en cuanto a contribución al crecimiento global, pero los cimientos de esa contribución están empezando a resquebrajarse.
Mientras tanto, la industria manufacturera se asemeja cada vez más a una escena de pueblo fantasma, con una caída de actividad durante meses. Las exportaciones, que antes eran el sustento durante la pandemia, se están viendo afectadas por primera vez en años. La restricción tecnológica de EE. UU. parece una jugada estratégica de ajedrez, dejando a China en una situación donde avanzar se siente como ir contra viento y marea.
Y el mercado inmobiliario, ¡vaya!, ¿por dónde empiezo? Ha sido una montaña rusa con más altibajos que subidas. El gobierno intentó jugar a ser un superhéroe tomando medidas enérgicas contra los promotores inmobiliarios endeudados, pero la medida fracasó, provocando impagos y paralizando proyectos de construcción a mitad de camino. Este efecto dominó ha provocado una crisis de confianza, y muchos han optado por aferrarse al bolsillo en lugar de derrochar en nuevas viviendas o bienes de consumo.
Mientras tanto, el gobierno se esfuerza por encontrar una solución, recortando drásticamente los tipos de interés y desplegando estímulos fiscales con gran entusiasmo, con la esperanza de desatar un derroche de gastos. Sin embargo, la elevada deuda pública y las medidas de austeridad de Xi Jinping imposibilitan la implementación de cualquier plan.
En medio de todo esto, se encuentra el exceso de oferta de viviendas, una bomba de relojería que podría minar aún más las perspectivas de una rápida recuperación. La ralentización de la urbanización y la disminución de la población agravan los problemas, frustrando los sueños de China de superar a Estados Unidos como líder económico mundial.
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