La decisión de Irán de cerrar potencialmente el Estrecho de Ormuz ha dado un nuevo giro a la geopolítica de Oriente Medio. El Estrecho es un importante paso petrolero mundial, que facilita el tránsito de 20,5 millones de barriles diarios de productos petrolíferos. La acción iraní se debe a la creciente preocupación por las amenazas regionales, en particular debido a las actividades de Israel en los Emiratos Árabes Unidos y los ataques a instalaciones iraníes en Siria.
La medida fue anunciada por Alirez Tangsiri, comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán, quien calificó estas dinámicas regionales como provocaciones que exigían una respuesta firme de Teherán. Tangsiri subrayó la inevitabilidad de las represalias dadas las circunstancias.
Ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, el Estrecho de Ormuz desempeña un papel fundamental en la logística petrolera mundial, con más de 85 buques, incluidos petroleros, que lo atraviesan diariamente. Su importancia se ha visto intensificada por las fluctuaciones en el suministro mundial de petróleo y las tensiones geopolíticas.
Fue un punto de controversia notable en 2012 durante las disputas sobre las actividades nucleares de Irán y las posteriores sanciones internacionales. Las amenazas de Irán de cerrar el estrecho han servido históricamente como palanca en negociaciones regionales más amplias, aunque tales acciones podrían causar importantes perturbaciones en los mercados energéticos mundiales y en la propia salud económica de Irán.
En una declaración pública, Tangsiri expresó la capacidad de Irán para cerrar el Estrecho, pero enfatizó su preferencia por mantenerlo abierto para garantizar también el acceso a los países vecinos. Este enfoque matizado sugiere una calibración estratégica en lugar de una agresión directa.
En medio de estas maniobras geopolíticas, la economía iraní se enfrenta a graves desafíos, en particular con el desplome de su moneda, el rial iraní, frente al dólar estadounidense. El declive del rial se ha acelerado recientemente, alcanzando un nuevo mínimo de 610.000 riales por dólar, una depreciación histórica que pone de relieve la profundización de los problemas económicos.

Esta crisis monetaria es un síntoma de problemas económicos más amplios, exacerbados por las sanciones impuestas desde hace tiempo por Estados Unidos , que se han intensificado bajo diversas administraciones. Estas sanciones, inicialmente provocadas por la crisis de la embajada estadounidense de 1979, se han ampliado desde entonces para afectar a los sectores clave de petróleo, gas y petroquímico de Irán, con el objetivo de limitar su capacidad nuclear.
La experta política Sarah Raviani ha señalado que esta recesión económica no se debe únicamente a presiones externas, sino también a la mala gestión interna y la corrupción. Sus comentarios en redes sociales destacaron la grave situación de la economía iraní, destacando la inaccesibilidad de los productos básicos y el impacto generalizado de la corrupción y la mala gobernanza. Describió la situación como un fracaso sistémico, con la inflación y el desempleo afectando gravemente a la población iraní.

