La reciente trayectoria de la inflación ha provocado un enfrentamiento entre los bancos y los mercados. Por un lado, los banqueros centrales se abstienen cautelosamente de celebrar la desaceleración de la inflación en las economías avanzadas, mientras que, por otro, los inversores ya apuestan por recortes inminentes de tipos.
Esta divergencia de perspectivas depende de la trayectoria futura de la inflación, que sigue siendo incierta debido a una combinación de factores como la estabilización de los precios de la energía y el sólido crecimiento salarial.
Navegando por el panorama de la inflación
La narrativa económica actual se sustenta en una compleja interacción de factores que influyen en la inflación. En Alemania, eldent del Bundesbank, Joachim Nagel, ha insinuado un futuro desigual, con fluctuaciones previstas en la inflación a corto plazo.
De igual manera, en Estados Unidos y la eurozona, los inversores anticipan recortes de tipos para mediados de 2024, impulsados por las tendencias del mercado de swaps. Esta percepción persiste a pesar de las reiteradas insinuaciones de los banqueros centrales de que los tipos altos se mantendrán por un tiempo.
Es probable que los próximos datos de la eurozona muestren una desaceleración de la inflación del 2,9% en octubre al 2,6% en noviembre, acercándose al objetivo del 2% de los bancos centrales.
Sin embargo, ladent del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha advertido contra un triunfo prematuro, sugiriendo un repunte de la inflación en los próximos meses. Isabel Schnabel, del BCE, ha comparado la fase final de la desinflación con la parte final de una maratón, indicando la complejidad de la tarea que nos espera.
Nagel pronostica un repunte de la inflación en la eurozona, atribuyéndolo a la retirada de los subsidios energéticos. La mayoría de los economistas coinciden, y esperan que la inflación en la eurozona vuelva a subir y se mantenga por encima del 2% al menos hasta principios de 2025.
Los banqueros centrales de todo el mundo están usando metáforas deportivas para moderar el entusiasmo por la desaceleración de la inflación, enfatizando el desafío constante de fijar tasas en este entorno impredecible.
Los factores detrás de la inflación persistente
La historia de la desaceleración de la inflación es multifacética. Un elemento significativo es la normalización de los precios de la energía tras su aumento repentino tras la invasión rusa de Ucrania.
En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de la energía cayeron un 4,5 % interanual en octubre, mientras que en la eurozona lo hicieron un 11,2 %. Sin embargo, este impacto podría disminuir a medida que la inflación anual de la energía se estabilice o incluso se revierta.
La inflación de los precios de los alimentos, que lleva varios meses desacelerándose, es otro factor que contribuye a la trayectoria general de la inflación. En la eurozona, se prevé que la inflación de los alimentos caiga por debajo del 7 % en noviembre, desde un máximo del 17,9 % en marzo.
Sin embargo, los banqueros centrales se mantienen alerta ante el crecimiento salarial y su impacto en la inflación, especialmente en el sector servicios, que requiere mucha mano de obra y es propenso a repercutir mayores costos a los consumidores. Los datos del BCE muestran que el crecimiento salarial negociado en la eurozona se ha acelerado, manteniendo las presiones inflacionarias subyacentes.
Además de la dinámica salarial, se prevé que la retirada de las medidas de apoyo gubernamentales durante la pandemia y la crisis energética mantenga la inflación elevada. Por ejemplo, se prevé que los cambios en los subsidios y las políticas fiscales en países como Francia y Alemania influyan en las tasas de inflación general.
Si bien las tasas de inflación general están disminuyendo, lo que aporta cierto alivio a los hogares, el camino hacia el logro de los objetivos de inflación de los bancos centrales sigue siendo complejo y plagado de desafíos.
Los diversos factores en juego, desde los precios de la energía hasta el crecimiento salarial y los cambios de política, contribuyen a un panorama inflacionario complejo e impredecible. Por lo tanto, los bancos centrales deben actuar con cautela en este terreno, equilibrando la necesidad de estabilidad con las realidades de un entorno económico en constante cambio.

