Gabriel Makhlouf, miembro clave del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), dejó claro recientemente que el banco no tiene prisa por recortar drásticamente los tipos de interés. A pesar de la impresionante resiliencia del mercado laboral y las expectativas de un repunte del crecimiento económico a finales de este año, Makhlouf insiste en la necesidad de paciencia. Señala que, a mediados de año, debería surgir un panorama económico más claro, lo que sugiere que tomar decisiones precipitadas podría no ser necesario en este momento.
Makhlouf, también responsable del banco central de Irlanda, expresó su preocupación durante una reunión en Gante (Bélgica) con ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales europeos. Destacó los posibles riesgos asociados al crecimiento salarial, indicando que una recuperación demasiado rápida podría llevar la situación a una dirección indeseable. El BCE se centra especialmente en los costes laborales como un factor significativo que influye en la inflación, lo que, a su vez, determinará la evolución futura de los tipos de interés. Si bien la presión sobre los salarios negociados disminuyó hacia finales del año pasado, un nuevo indicador prospectivo sugiere que aún no estamos a salvo en lo que respecta al elevado crecimiento salarial.
Dado que la desinflación en la eurozona está en marcha, Makhlouf señala que se necesitan más avances antes de que el BCE pueda considerar ajustar su postura. Aclara que el banco no necesita esperar a que la inflación alcance el 2% para contemplar recortes de tipos. Sin embargo, se requieren datos suficientes para garantizar que este objetivo se pueda alcanzar de forma sostenible. Sus comentarios se producen en un momento en que se aproxima la próxima reunión de política monetaria del BCE, y las conversaciones apuntan cada vez más a junio como el momento probable para reconsiderar los costes de financiación.
Desaceleración y estabilización económica
La eurozona logró evitar una recesión en el segundo semestre de 2023, aunque las perspectivas económicas siguen siendo sombrías, ya que las encuestas recientes solo indican una estabilización en niveles bajos. Este escenario, según Makhlouf, indica que la política monetaria del BCE ha frenado eficazmente la demanda. Prevé una continuación de la desaceleración económica en los primeros meses de este año, seguida de una recuperación, impulsada en parte por los ajustes salariales nominales que impulsan el consumo.
Makhlouf también abordó los desafíos que plantean los "problemas de origen político", subrayando la importancia de la vigilancia en un mundo plagado de riesgos. A continuación, analizó la necesidad imperiosa de completar la unión de los mercados de capitales europeos, señalando las complejidades políticas que rodean ciertos temas en este ámbito. El objetivo, sugiere, debería ser concentrarse en cuestiones importantes para avanzar.
Una mirada más de cerca a Irlanda y al nuevo marco del BCE
En Irlanda, se está prestando especial atención al sector inmobiliario comercial, con la entrada en vigor de las nuevas normas sobre apalancamiento y liquidez. Makhlouf se muestra optimista sobre la resiliencia del sistema ante la caída de las valoraciones y las desaceleraciones. En cuanto a la banca irlandesa, prevé un futuro en el que un mercado competitivo podría estar compuesto por tres bancos minoristas nacionales junto con varias fintechs que ofrezcan diversos servicios.
A mayor escala, el BCE se acerca a un consenso sobre un nuevo marco monetario diseñado específicamente para la eurozona de 20 países. Este marco, distinto al de otras jurisdicciones, busca facilitar una transición más fluida a medida que el exceso de liquidez se retira de los mercados financieros durante los próximos dos años. La intención es anunciar los resultados para la primavera, en medio de una mezcla de ambición y escepticismo entre los funcionarios respecto a la reactivación de los préstamos interbancarios.

