Se avecina una tormenta en el Reino Unido, y no tiene nada que ver con el clima. La posible dilución de la regulación británica sobre las grandes tecnológicas está haciendo sonar las alarmas en todos los ámbitos del mundo digital.
El Proyecto de Ley de Mercados Digitales, Competencia y Consumidores, que actualmente se tramita en el Parlamento, está en el centro de este revuelo. De modificarse, esta legislación podría perturbar gravemente el sector tecnológico.
¿Los titanes tecnológicos buscan lagunas legales?
La intención inicial del proyecto de ley era clara: facultar a un nuevo organismo de control tecnológico para aplicar regulaciones estrictas a megacorporaciones como Meta y Alphabet.
La gravedad de la situación se acentúa al considerar que cualquier incumplimiento conllevaría sanciones sustanciales. Sin embargo, la importante resistencia de las grandes tecnológicas, entre ellas Apple y Microsoft, está enturbiando las aguas.
Están pidiendo modificaciones al proyecto de ley que les proporcionen un camino más fácil para impugnar las decisiones del nuevo regulador.
Pero aquí está el truco: el ex asesor y economista de Obama, Jason Furman, se ha sumado a la iniciativa y ha advertido al Ministro de Hacienda del Reino Unido, Rishi Sunak, contra cualquier modificación apresurada.
Furman, junto con otros académicos destacados, fueron las mentes detrás del panel de competencia digital del Reino Unido en 2018. ¿Su postura colectiva?
Hay que garantizar que cualquier cambio potencial no permita a estos gigantes tecnológicos eludir las regulaciones arrastrando al regulador a través de laberintos legales interminables y demoras que consumen mucho tiempo.
El panorama general y las posibles implicaciones
No se trata solo de que las empresas tecnológicas se jacten de su influencia. En esencia, este proyecto de ley surgió tras una revisión aprobada por el gobierno en 2019, dirigida por el propio Furman. La conclusión fue inequívoca: los gigantes tecnológicos, con su poder desmedido, están aplastando a la competencia y aumentando sus márgenes de beneficio.
Ahora bien, cabe preguntarse por qué el gobierno del Reino Unido siquiera contemplaría diluir un proyecto de ley tan crucial. El problema es el siguiente: dado que el sector tecnológico del Reino Unido es una industria billonaria, mantener su atractivo como lucrativo centro de inversión es de suma importancia para el gobierno.
Esta delicada danza entre regulación y apaciguamiento es como caminar sobre la cuerda floja, y un paso en falso podría tener rippleen todo el ecosistema digital.
Sin embargo, lo que es igualmente notable es la creciente oleada de aprensión. Informes recientes apuntan a la intención de las grandes tecnológicas de modificar el proyecto de ley, simplificando así el proceso de impugnación de las decisiones de cumplimiento.
Esto no ha sentado bien a muchos. La baronesa Tina Stowell, presidenta del comité de comunicaciones y digitalización de la Cámara de los Lores, se ha sumado a la controversia, instando a Sunak a mantenerse firme en el proyecto de ley sobre las apelaciones.
En la situación actual, la Autoridad de Competencia y Mercados está preparada para supervisar el sector a través de una novedosa unidad de mercados digitales. Esta unidad se creó en 2021, pero tiene las manos atadas.
Sin el sello oficial de aprobación del proyecto de ley, permanece impotente, incapaz de hacer cumplir las normas o imponer multas. Uno de los principales puntos de discordia gira en torno a las apelaciones.
El marco actual permite a las empresas solicitar una revisión judicial de las decisiones, un proceso que examina el fundamento legal sin profundizar en los méritos del caso.
Los gigantes tecnológicos, en su perpetua sed de más, están compitiendo por una expansión de esta disposición, queriendo la autoridad para desafiar las acciones de cumplimiento basándose en el mérito.
En una decisión poco sorprendente, la CMA optó por mantener el silencio, sin confirmar ni negar el contenido de la carta ni ningún cambio potencial.
Sin embargo, el Departamento de Ciencia, Innovación y Tecnología ha dado su opinión, afirmando que el proyecto de ley está diseñado para estimular la innovación, reforzar la economía y atender los mejores intereses de los consumidores.
Si bien las intenciones pueden ser nobles, el camino hacia la regulación digital en el Reino Unido está plagado de desafíos. Es crucial que el país se asiente en este ámbito, garantizando que las grandes tecnológicas no se descontrolen. Después de todo, en un mundo cada vez más dominado por gigantes digitales, lo que está en juego nunca ha sido tan importante.
La peor pesadilla de las grandes tecnológicas son los planes antimonopolio de EE.UU. (1)