A medida que el tablero geopolítico experimenta nuevas movidas, la postura de México y Canadá sobre su incorporación al BRICS , y por extensión, su postura respecto al dólar estadounidense, está atrayendo la atención mundial. 2023 fue testigo de un cambio radical en la dinámica financiera global, con los países BRICS buscando activamente reducir su dependencia del dólar. Si bien el bloque amplió su membresía, dando la bienvenida a cinco nuevas naciones a principios de 2024, la pregunta se cierne sobre el tapete: ¿podrían países occidentales como México y Canadá sumarse a este alejamiento del dominio del dólar?
El efecto Ripple en México y Canadá
México, del que se especulaba previamente sobre su interés en unirse al BRICS, vio a sudent Andrés Manuel López Obrador negar rotundamente estas intenciones antes de la cumbre de la alianza en agosto del año pasado. Canadá se ha mostrado igualmente evasivo, sin mostrar ningún deseo manifiesto de unirse al BRICS ni de separarse del dólar estadounidense. Sin embargo, los vientos de cambio son impredecibles, y el panorama político y económico de 2024 podría deparar sorpresas.
El vínculo entre México y Canadá con Estados Unidos es complejo y multifacético, lo que hace que su posible alejamiento del dólar sea complejo e improbable a corto plazo. A pesar de la cuestionada supremacía del dólar, debido a las políticas internas estadounidenses y la inflación, ambas naciones mantienen un estrecho vínculo con Estados Unidos. El papel del dólar estadounidense como moneda global dominante sigue influyendo en sus estrategias financieras y relaciones exteriores.
El alejamiento global del dólar
Los BRICS, una alianza de economías emergentes compuesta por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, buscan activamente alternativas al dólar estadounidense. Con planes para introducir una moneda global BRICS y fomentar el comercio en monedas locales, el bloque se posiciona como un contrapeso a la hegemonía del dólar. La expansión de los BRICS en 2024, con la incorporación de nuevos miembros como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Irán y Etiopía, consolida aún más su posición.
El verano pasado se produjo un avance significativo cuando los países de la ASEAN acordaron abandonar el dólar estadounidense en favor de sus monedas locales para las transacciones transfronterizas. Esta decisión, probablemente influenciada por la estrategia de los BRICS, refuerza la presión contra el dólar. Países de África y Oriente Medio, como Pakistán, Irak, Turquía, Nigeria y Egipto, también muestran interés en unirse a los BRICS, posiblemente en la cumbre de 2024.
El dólar estadounidense, a pesar de su fluctuante participación en las reservas globales, sigue siendo la principal moneda de reserva mundial. Sin embargo, su posición, antes inexpugnable, se está erosionando gradualmente. El yuan chino, en particular, está ganando terreno, no solo en reservas, sino también en pagos internacionales y préstamos transfronterizos. El ascenso del yuan viene acompañado de la agresiva expansión de los swaps de divisas bilaterales de China con países como Arabia Saudita y Argentina.
Las sanciones occidentales contra Rusia por sus acciones en Ucrania han impulsado aún más los esfuerzos de desdolarización, ya que los países buscan reducir su vulnerabilidad a las políticas financieras estadounidenses. Moscú y Pekín han reducido significativamente su dependencia del dólar en el comercio bilateral, favoreciendo el yuan y el rublo.
A pesar de estos cambios, los expertos coinciden en que un abandono total del dólar no está a la vista en el futuro inmediato. La arraigada posición del dólar en el sistema financiero global y la magnitud de su uso hacen improbable una transición rápida. Sin embargo, la erosión gradual de su dominio es una clara señal de tiempos de cambio, con economías emergentes y alianzas globales como los BRICS desempeñando un papel cada vez más importante en la configuración del futuro panorama financiero.
Así pues, si bien el alejamiento inmediato del dólar estadounidense por parte de México y Canadá parece improbable, la tendencia global hacia la diversificación para superar la dependencia del dólar es innegable. La expansión de los BRICS y el creciente atractivo de alternativas como el yuan pintan un panorama de un mundo donde el dominio del dólar no es indiscutible. A medida que las naciones navegan por este panorama financiero en constante evolución, la única certeza es que el cambio, aunque gradual, es inevitable.

